lunes, 28 de mayo de 2018

la gota


La  gota  ANA MARIA CAILLET BOIS
El aire dormido en el jardín espera…
De pronto se despierta en un callado silencio.
Cae con fuerza, las calles de tierra se vuelven lodo.
Salgo a chapotear bajo la lluvia, siento el barro pegado a mis zapatos recién lustrados.
Necesito llenarme de gotas: gordas, grandes, de seda, pero, una gotita chiquita , traviesa, cae por mi flequillo y se posa en mi nariz, me hace cosquillas. De un solo salto certero se instala en mi boca.
Trato de no hablar, no quiero que se muera, pero el temblor de mis labios cuando me besa me
llena de una algarabía gozosa.
 Recorre mi cuerpo con pereza y cae transparente, distinta.
La sigo, llega a la esquina , dobla a la derecha,  corre hacia el jardín y salta mansamente entre las rosas.
Me alejo, siento un cosquilleo de miedo, la pequeña gota me sigue, trepa a mis zapatos recién lustrados, recorre mi cuerpo, besa mis labios, se posa en mi nariz y se esconde en mi flequillo. Lo usa de trampolín y se va nadando por las calles de mi pueblo.


La gota

miércoles, 25 de abril de 2018

sperar  tantos años como yo para se feliz?-
Argentina   Ana María Caillet Bois

Para el tintero  de oro ( Mayo)

domingo, 18 de marzo de 2018


Operación escape


Como un engranaje muy bien aceitado comienza la operación escape.
Descalzos, en puntas de pie, salir al patio, cruzar el tapial, trepar por las
ramas del árbol más lindo y, cual cirujanos, tocar uno a uno sus frutos
maduros. El deleite llega cuando en cada mano resbalan los granos rojos, rojos y
brillantes. Resbalan despacio y crujen los dientes, refrescan gargantas y ensucian la
ropa.
Quedamos dormidos debajo del árbol, con la cara sucia y la risa franca.
ANA MARÍA CAILLET BOIS
Argentina
Facebook: www.facebook.com/ana.cailletbois

Para el Tintero de oro

viernes, 23 de febrero de 2018







—La trenza-- Ana María Caillet Bois—

Cuando sonó la campana, todos formamos una fila para entrar al aula. Llevo escondida en mi portafolios mi muñeca de goma y a la noche cuando me acuesto charlamos. Delante de mí se sienta una niña que no conozco. Se llama Etelvina y tiene una trenza tan larga y tan gruesa que llama mi atención.
Estoy aburrida, veo la trenza de Etelvina y juego que es una hamaca, una hamaca que vuela tan alto, tan alto que casi, casi me resbalo. Desde ahí veo a  mis compañeros chiquitos y yo crezco hasta tocar el techo, me convierto en un mosquito y paseo por todos los pupitres.
Una goma de borrar se rompe, no importa, total sigue borrando. Viajo en la trenza de Etelvina y el sonido de la campana me alerta.
¿Cómo, ya hay que volver a casa?
Me gusta cuando la campana me habla con su voz gruñona.